Illinois Holocaust Museum draws you into history

Update: This article just won an award for Midwest Destinations Travel Writing by the Midwest Travel Journalists Association. 

If a building can have a personality, the Illinois Holocaust Museum and Education Center is pensive.

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Housed in a curious industrial building off the highway in Skokie, the 6-year-old museum stands in contrast to the surrounding area. It is the third-largest Holocaust museum in the world, and is owned by a nonprofit started by Skokie-resident Jewish Holocaust survivors.

There’s a quiet heaviness as you walk through the entrance, and the busyness of life outside the doors seems somehow paltry.

“The mystery of this place is in the details,” said Jerry Lidsky, museum docent. “If you tune into this place, it begins to speak to you.”

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What a Manteno church is doing to help a Syrian crisis

They’ll probably never meet.
Even if they could, they don’t speak the same language, eat the same food or pray to the same God.

 

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But for a couple dozen church members from the Manteno Church of the Nazarene, and about 60 Syrian refugees in a north Chicago neighborhood, that doesn’t really matter.

About 7 p.m. on Friday, Fadia Mabus, her 5-year-old son, Sam, of Bourbonnais, and friend, Emily Linton, of Bradley, carried trash bags filled with hand-knitted scarves and hats for refugees who are living through their first Midwest winter. Prayers still were echoing as they walked up through the halls of the Muslim Community Center in Chicago, into a room easily 70 degrees; everyone was wearing winter coats.

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Al Ver Necesidad: Incorporando a las Jovenes Embarazadas en Familia

El artículo es un parte de un serie más profundo 
desarrollando la tema de adolescentes embarazadas 
en Ecuador. Lee más sobre el proyecto aquí.

Por la noche puedo escuchar los sonidos de bebés: balbuceando, tosiendo, riendo o llorando. Escucho a sus madres susurrando dulcemente, “Te amo. Te quiero.” Y son comunes los sonidos de biberones, eructos y canciones de cuna.

Las madres con quienes estoy compartiendo mi habitación son similares a las de mi país. Se despiertan temprano, bañan a sus bebés, trapean el piso, cocinan la merienda, lavan la ropa, y tienen fiestas de cumpleaños.

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Estas madres también son estudiantes y al mismo tiempo que cumplen con las responsabilidades propias de su maternidad: deben hacen tareas escolares, compartir quehaceres domésticos, y ocasionalmente compartir reuniones con sus familias.

Cabe recordar que las edades de estas madres no sobrepasan los veinte años.

Con la tasa de jóvenes embarazadas más alta en América de sur, el problema de la salud con respecto a la educación reproductiva y sexual está creciendo significativamente en Ecuador.

“Casa Elizabeth” es una casa para jóvenes embarazadas y para sus bebés. Está ubicada al norte de Quito, la capital de Ecuador, una ciudad bonita y rodeada por montañas.

Las personas que visitan “Casa Elizabeth” se impactan con el color rosa pastel de la pared, la música de una radio que permanece encendida y cuyos ritmos se confunden con el llanto de los bebés y con el ruido estrepitoso que hacen los niños al correr por la casa.

En “Casa Elizabeth” viven cinco chicas. Esta casa, actualmente está dirigida por la “Familia de la casa:” compuesta por un matrimonio Cristiano y sus dos niños; de cinco y un año respectivamente.

En total son cinco chicas jóvenes, dos recién nacidos, dos bebés un poco más grandes, una nena pequeña, y un niño muy activo de cinco años. A este grupo se ha integrado una estudiante con serias aspiraciones de ser periodista, realmente todo esto representa una combinación de “ Mi Boda Griega Grande” y “19 Niños y Subiendo.”

En medio de este torbellino, se puede percibir un gran sentido de familia entre todas las chicas que habitan en esta casa.

“Nuestro enfoque es amar y cuidar a las chicas para que ellas tengan un encuentro con Jesus,” dijo Elisa Brown, Directora del Comité “Casa Elizabeth.”

“Las personas siempre quieren brindar cariño y amor a los bebés, pero no sucede lo mismo con las jóvenes que han incurrido en errores, esta es una dificultad y quisiéramos cambiar la situación, dando la posibilidad de que estas chicas se incorporen a una familia.”

La tasa de fertilidad es drásticamente más alta entre las personas de escasos recursos que entre las personas adineradas, la relación es de 4 a 1 respectivamente.

Con la tasa de jóvenes embarazadas más alta en América de sur, el problema de la salud con respecto a la educación reproductiva y sexual está creciendo significativamente en Ecuador.

El Reporte Nacional del año 2013 mostró que hay 81 nacimientos por cada 1,000 chicas, cuyas edades fluctúan entre los 15 y 18 años. Estos nacimientos muchas veces son el resultado de una insuficiente educación sexual y reproductiva, el producto de un abuso, o el resultado de estereotipos culturales que generalmente atribuyen las culpas a la madre y justifican las fallas del padre.

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1 en 5 mujeres en Ecuador tiene su primer hijo antes de tener 18 años.

Un reporte del año 2007 de la UNICEF puso en evidencia los porcentajes de jóvenes embarazadas especialmente en América del sur y el Caribe, lugares en donde estos índices se están incrementando de manera vertiginosa. Ecuador tiene un registro muy alto de mujeres embarazadas, cuyas edades son inferiores a los 19 años y es preocupante la rapidez con que este problema se está propagando. Un estudio realizado en el año 2004 por parte del Centro Ecuatoriano para la Prevención y Control de las Enfermedades, mediante una encuesta de la Salud Reproductiva Internacional, mostró que en Ecuador por lo menos una de cada cinco mujeres tiene su primer hijo antes de cumplir 18 años.

Es una pandemia que impacta a las clases socioeconómicas con mayor nivel de pobreza en el país. El embarazo precoz está relacionado con la carencia, la vulnerabilidad, la prematura deserción escolar, y la desventaja económica.

El mismo reporte de la UNICEF mostró que la tasa de fertilidad es drásticamente más alta entre las personas de escasos recursos que entre las personas adineradas, la relación es de 4 a 1 respectivamente. Reportes actualizados muestran que esta inequidad se ha agudizado en los últimos quince años.

Al ser conscientes de las estadísticas, cuyos resultados son alarmantes, Inca Link inició un proyecto orientado a paliar esta situación.

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“Sentimos desde inicio un llamado para ayudar a las jovenes embarazadas. Creo que el sistema medico abusa de esta situación porque ellas desconocen su propio cuerpo,” dijo Brown. “Al principio, yo iba a hospital para quedarme con ellas [porque estuve tan apasionada por ayudarles].”

Ahora, “Casa Elizabeth” se enfoca en una ayuda absoluta, es decir se preocupa de la salud física, mental, económica, académica y espiritual de las jóvenes que acoge y a la vez de sus niños. “Casa Elizabeth” orienta su trabajo a la solución de este problema social.

“No somos una institución en donde se entra y se sale; formamos una familia,” dijo Brown.

Las siguientes historias son las de esta familia: las de las cinco chicas quién viven en esta casa. Sus historias representan a las historias de muchas jóvenes en Ecuador — chicas que se encuentran como madres en medio de las desventajas social, cultural y económicas.

Lea al próximo blog en el serie aquí.

A sticky situation: Senior biology major studies blood for honors project

Things are getting a little bloody over in Reed. But don’t worry—it’s in pursuit of science.

Senior biology major, Brian Ginn, is pricking fingers, smearing blood, and analyzing DNA, with the goal of creating a new method for undergraduate students to study blood types.

“The end goal of the research is to have a protocol that goes from cheek cells to [DNA] for undergraduate labs,” said Brian, his passion for science evident as he started drawing blood cells on the white board.

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Brian Ginn tests blood type. Clumping indicates a positive result.

The beginnings of the project started two years ago, when Brian began his capstone honors project. He went through five different project ideas before settling on this one, using cheek cells to determine someone’s blood type.

Blood type is usually determined with a finger prick test. The finger is poked with a small needle, and blood from the prick is smeared on three separate plates. A different type of serum is added to each plate. How the serum reacts with each blood sample shows blood type: A-, A+, B-, B+, AB, or O.

This is where Brian’s testing gets complicated. He doesn’t want to just know the blood type, but the DNA behind it. This means another test, requiring gels, electromagnetic waves, and ultraviolent light.

But Brian’s goal is to bypass all that, doing the same test, but much less painfully. Cheek cell testing just requires rinsing the mouth and spitting into a cup—good news for biology students who may not want their finger pricked.

“The goal is to get the students learn,” Brian said.

Creating a new experiment method, though, can get challenging.

“You’re often going to do the test and not get the results you want…. Doing something that’s not been done before, you have to start with what you think will work, and go from there.”

And although Brian has a newfound respect for research, this project has solidified his dreams of being a doctor, possibly on the mission field. In the past few years, Brian has been to Papua New Guinea with medical work teams twice. On the last trip, he worked the entire summer in a mission hospital.

“[This project] tells me I don’t want to be a researcher full time. I’d rather interact with people.”

 

A dream still years of medical school away, but today Brian Ginn contents himself with pricking fingers, smearing blood, and hopefully, helping some squeamish biology students in the process.

Attached is the TV and radio version I wrote of this story: GG-blood

Here is a link to the story that was published in my school newspaper and on the Olivet website.